La ciudad, con toda la modernidad y rapidez a la que nos tiene acostumbrados, nos deja pocos espacios para la tranquilidad en el amplio sentido de la palabra: ruido, contaminación, largas horas para ir y volver del trabajo, y un constante avance de la selva de concreto, pueden agobiar a cualquiera ... como a mí.

Sin pensarlo mucho, tuve las agallas para salir de ésta, mi selva de concreto llamada Lima, rumbo a tierras no tan desconocidas pero que sí me daban esa paz que tanto estaba necesitando. ¿El destino?: el centro de nuestra sierra: Huancayo. Ésta es una ciudad ubicada en el valle del Mantaro, a 3824 metros sobre el nivel del mar y a 8 horas de camino. Verde, por donde se mire: cielo azul tipo postal, nubes que parecen chantilly y gente muy amable; es raro encontrar un sitio donde se pueda vivir bien con poco dinero. En conclusión un paraíso para cualquiera, sólo hubo un "inconveniente": ¿que pasa con el turismo gay? ¡Claro! -uno pensará- ¿Para qué quiero encontrarme las típicas discotecas capitalinas, cuando el motivo de estos viajes es tener "nuevos aires"?. Pues simplemente es el hecho de poder ir a un lugar, tomar una copa y ligarte a alguien en la comodidad y confort aceptables, que no encontré en los comentarios de las principales discotecas "de ambiente" en la ciudad (www.gayhuancayo.tk).

Punto aparte, es imprescindible poder escaparnos de la vorágine capitalina y ver la vida, un poco, fuera de nuestra burbuja: tratar de despejar la mente sin la vanalidad ni superficialidad que abundan en las rutinarias noches gays en Lima, ser, por una noche, un "N.N" que busca simplemente, pasarla bien sin tanta complicación.

Y ustedes ¿Viajan seguido, o no pueden vivir fuera de la ciudad?

UTILÍSIMO ALBERTO